Valorar a los más 'Beyos'
Una quesería de Ponga y dos de Amieva esperan la Identificación Geográfica Protegida y piden más promoción para el producto
MARCA. Pilar, de la Quesería de Viego, etiqueta los quesos. /
N. A.
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Le caracteriza su fabricación tradicional, 'como antes', que se suele decir. La elaboración del queso de los Beyos se extiende por los pueblos de San Ignacio, Casielles, Cañisquezo, Viboli, Tolivia, Beleño y otros lugares del concejo de Ponga y en algunos otros de Amieva como Vega de Cien o Cirieño e, incluso, en puntos de Oseja de Sajambre, en León. No obstante, la mayoría son pequeños productores que lo elaboran en sus propias casas. Apenas son cuatro las queserías que lo hacen de manera profesional, una en Ponga, dos en Amieva y otra en la localidad leonesa, las únicas que tendrán opción a conseguir la Identificación Geográfica Protegida.
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La rivalidad entre los queseros de ambos municipios es harto conocida. El
desfiladero que da nombre a este queso pertenece al municipio pongueto,
por lo que los queseros de esa zona no admitían como auténticos los
quesos de Amieva. Sin embargo, los modos de hacer son muy similares y son
conscientes de que juntos pueden lograr más cosas, como la tan esperada
protección de la Identificación Geográfica Protegida (IGP), actualmente
en tramitación.
Los queseros de los dos municipios han coincidido siempre en la necesidad
de buscar una figura de protección para sus productos. «Hay muchos que
venden los Beyos sin serlo», critica la pongueta Pilar Alonso, de la
Quesería de Viego. «Hace falta un sello que garantice su origen», añade.
Algo con lo que coincide totalmente Salvador Pilar, natural de Ponga, pero
propietario de la Quesería La Collada, de Amieva. «Tiene que ser
protegido sobre todo ante los que son similares», señala. «Aunque
hubiera preferido la Denominación de Origen, espero que la situación
mejore», añade. Por su parte, Carlos Calleja, de la Quesería Jaime,
entiende que «la IGP es la única protección posible». No obstante, no
cree que exista tanto fraude con relación a este queso y subraya la
importancia de la IGP «como garantía para evitar que cuando el producto
crezca alguien se pueda aprovechar de su marca».
Vender la marca
En cualquier caso, la llegada de esta garantía de calidad no es
lo único que preocupa a los queseros. Una vez que llegue este sello,
entienden que hará falta impulsar una mayor y mejor promoción del
producto. Algo en lo que coinciden las tres queserías. «Las
administraciones podrían ayudar más a los elaboradores a sacar los
productos», señala Pilar Alonso. Algo que esperan se potencie cuando
la IGP ya esté en marcha.
La experiencia de las tres queserías de los Beyos les viene por
herencia tradicional. La que regenta Pilar Alonso Gutiérrez es la única
quesería de Ponga. Hace 25 años que la tiene en marcha, aunque ya
desde niña está vinculada a la producción de este manjar. Por ello,
asegura que ahora lo hace «como se hacía antes en las casas». Produce
queso con unos 2.000 litros de leche de vaca al mes y, aclara, «siempre
con leche cruda», señala. A diferencia de los productores de Amieva,
en Ponga no pasteurizan la leche. De su producto ella defiende que «el
sabor es muy agradable, gusta a todos». Es más, quienes lo prueban
garantizan que «es muy sabroso».
También de tradición es la experiencia de los dueños de la quesería
La Collada, en Cirieño (Amieva). Salvador Pilar, natural de Ponga y su
esposa Aurora González, de Amieva, tienen abierto el negocio desde
1987, aunque ya de niños lo hacían en casa con sus familias. Producen
entre 1.300 o 1.400 litros cada dos días. Utilizan leche de vaca o de
cabra, puesto que de oveja apenas se consigue ya. Aurora explica el
proceso de elaboración: «Se deja la leche en un tanque frío, se
pasteuriza el día antes por la tarde, se deja 12 a 14 horas para moldar
al día siguiente, salar, se cura durante dos o tres días y se lleva a
la cámara unos 21 días antes de salir a la venta». Ellos pertenecen a
la Asociación de Queseros de Asturias, a través de la que
comercializan sus productos incluso hasta en América.
La tercera quesería, Jaime, también de Amieva, es fruto, al igual que
las anteriores, de toda una saga familiar de productores. Carlos Calleja
y su esposa Ana María Álvarez, llevan desde hace 10 años el negocio
que ya antes perteneció al padre de ella. Producen unos 7.000 kilos al
año y utilizan las tres leches, de vaca, cabra u oveja, aunque
reconocen que esta última cada vez es más difícil conseguir.
Pero ha pasado mucho tiempo desde que los primeros pastores elaboraran
los primeros quesos de los Beyos y algunas cosas sí que han cambiado en
su elaboración, como los moldes, hoy cilindros de plástico
agujereados, antiguamente de madera o barro, o las cámaras con
regulador de temperatura o los tanques y tuberías actuales para
realizar todo el proceso.
El Comercio Digital
(Asturias) - Asturias,Spain 28/05/2006