El Consejo Regulador prevé sacar a la venta este verano la crema de Cabrales con denominación de origen
Los elaboradores quieren que los comercios que despiecen los quesos incluyan en las cuñas la información sobre su elaboración y composición
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NOVEDAD. Eva María Gutiérrez muestra la crema envasada durante las primeras pruebas. / D. E. |
La primera crema de Cabrales con denominación de origen
comenzará a venderse este verano. Al menos, ése es el objetivo del Consejo
Regulador, presidido por José Bada: «La elaboración de la crema de
Cabrales estaba sin reglamentar y esperamos poder hacerlo para este verano»,
explica. Ante la venta «ilegal» de este producto con el nombre de Cabrales
sin contar con el permiso del Consejo, que es quien tiene registrada la
denominación, decidieron tomar medidas.
Aunque aún están en pruebas, ya han decidido cómo se comercializará. «Está
pensado en tarros de cristal de unos 200 gramos», precisa Bada. Eso sí,
también han tenido en cuenta la venta al por mayor para los restaurantes y
en hacer un envasado especial de mayor tamaño para ellos.
Por el momento, son tres los elaboradores que están fabricando esta crema
en las instalaciones de la Fundación para la promoción y difusión del
Cabrales, donde disponen de una máquina de una antigua asociación
desaparecida. Una vez salga adelante, podrán utilizarla también los
cuarenta elaboradores del concejo.
Será un producto totalmente natural. La crema que llevará la denominación
está elaborada únicamente con queso y agua. «No le añadimos nada, ni
conservantes», asegura el presidente del Consejo Regulador. «El queso ya
se conserva mucho tiempo y no tiene por qué llevar otras cosas», añade,
al tiempo que explica que lo que quieren ofrecer es «un producto natural
que sale de otro producto natural». Por eso, no llevará ningún tipo de
especia. Bada defiende que una vez que lleve el sello del Consejo Regulador,
«será de más confianza para el cliente». Algo que, entiende, no sucede
ahora. «La gente no sabe realmente de qué está hecha la crema», añade.
Por ello, cree que los elaboradores «deben concienciarse». Considera que
ya tienen bastante trabajo y esto les da aún más, pero, señala, «si es
algo para que sea más rentable, por qué no».
Sello de
garantía
Los elaboradores del queso de Cabrales han luchado durante años para
lograr la denominación de origen y disponer de unas etiquetas que
garanticen que el producto que se está vendiendo es auténtico Cabrales.
Precisamente, uno de los problemas al que se enfrentan ahora es a la venta
del queso en los comercios donde, muchas veces, se parten las piezas y se
envasan sin ponerles la identificación necesaria. El Consejo Regulador
quiere que los comercios identifiquen claramente el producto con el
correspondiente sello que informe del registro sanitario, el número del
elaborador y la denominación de origen.
Para ello, desde hace dos años la Fundación ofrece a los elaboradores la
posibilidad de que hagan uso de una máquina que permite dividir las piezas
en varias porciones y contraetiquetar con el sello de la denominación de
origen cada uno de los trozos. De este modo, todas las cuñas llevan
impresas el nombre de la quesería avalada por el Consejo Regulador, el tipo
de leche con el que se elaboró y toda la información que el consumidor
debe tener en cuenta para pedir responsabilidades, en el caso de que hubiera
problemas.
Sin embargo, denuncia Bada, aún así se ven en el mercado cuñas que no
disponen de este sello. La responsabilidad es del distribuidor que adquiere
los quesos enteros y luego los trocea para envasarlos al vacío, negando al
consumidor la información que aparece en las contraetiquetas. «Si no
llevan la etiqueta y ofrece algún problema, no podemos saber a qué quesería
pertenece y ni siquiera si realmente se trata de Cabrales», apunta Bada.
Entiende que se trata de un proceso de producción más del queso y que los
comerciantes deberían registrase como parte de ese proceso y colocar la
correspondiente información. Luchar contra esta situación es un paso más
en esta carrera de fondo que comenzó en 1981, cuando el Cabrales recibió
el reconocimiento provisional de la denominación de origen. Desde entonces,
la producción del queso azul por excelencia ha sufrido una continua evolución.
«Antes éramos unos 140 elaboradores que producíamos una media diaria de
tres o cuatro quesos. Ahora, quedamos cuarenta productores, pero cada uno de
nosotros elabora unos 30 quesos al día», resume Bada.
De hecho, la producción de queso fue en aumento progresivo desde 1989 hasta
2003, cuando llegaron a sacarse a la venta 337.100 piezas. El número de
contraetiquetas suministradas descendió a 318.331 en 2004 para volver a
caer en 2005, cuando el Consejo Regulador del Queso de Cabrales suministró
292.733 contraetiquetas.
El motivo de este descenso lo encuentra José Bada en el cese de actividad
por parte de algunos elaboradores de queso como consecuencia de la falta de
relevo generacional. «La gente se cansa y, si a sus hijos no les interesa
continuar con el negocio, acaban cerrándolo. Es un trabajo muy sacrificado
porque no tiene domingos ni días de descanso», advierte Bada.
En la actualidad hay 40 elaboradores inscritos en el Consejo Regulador y el
grueso de la producción procede de la localidad de Arenas (40%), seguida de
Poo (16%), Tielve (11%) y Oceño (8%).
Mejoras
Los avances tecnológicos que supuso la construcción de las queserías,
las comodidades que proporcionaron las actuaciones desarrolladas en algunas
de las cuevas de maduración del municipio y la mejora en la calidad del
producto, como consecuencia de los periódicos controles por parte del
Consejo Regulador, son algunos de los aspectos positivos que ha traído
consigo la denominación de origen. Sin embargo, los productores mantienen
que aún hay mucho trabajo por hacer e instan a las administraciones a que
mejoren el acceso de más cuevas.
Desde el Consejo Regulador se ha enviado a la Consejería de Medio Rural y
Pesca una propuesta para la adecuación de los accesos de las tres cuevas de
Teyedu para que puedan ser utilizadas con mayor comodidad por los vecinos de
Tielve. «No se puede acceder a ellas en coche y para llevar los quesos es
necesario cargar a un caballo, con no más de 30 piezas en cada viaje, y
caminar durante hora y media», declara Bada. «Lo ideal es que se mejoren
los caminos y que se dote a las grutas de agua y luz, pero con la adecuación
de los accesos los queseros ya estaríamos satisfechos», concluye.
El Comercio Digital (Asturias) - Asturias,Spain 9/05/2006