Granjas sin ayudas
La semana pasada la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA-PV)
emitió un comunicado que hacía referencia al borrador de la orden de la
Conselleria de Agricultura, por la que se establecen ayudas al traslado de
granjas por motivos de interés público. En el mismo indicábamos que la
orden
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incluye unos requisitos que hacen inviable la operación de cambio de
asentamiento de las explotaciones ganaderas que se encuentran en la
periferia de las poblaciones hacia zonas más alejadas.
El problema de esta orden radica en la exigencia de que las explotaciones
tengan una dimensión de 0,80 Unidades de Trabajo Agrario (UTA) como mínimo,
pues por debajo se consideran inviables económicamente. En número de
cabezas, 0,80 UTA son 200 para el bovino de carne, 144 en caso de tratarse
de madres de ovino-caprino de carne leche, 800 cabezas de ovino caprino de
cebo, 32.000 pollos de integración, o 1.600 cabezas de porcino. Creemos
que, por debajo de estos límites, una granja también puede ser rentable y
que esta condición impuesta deja fuera de la cobertura de las subvenciones
por traslado a prácticamente a más del 80% de las explotaciones ganaderas
valencianas.
La UPA siempre ha defendido la viabilidad económica de las explotaciones
agrícolas y ganaderas, nuestro trabajo se centra en impulsar programas y
políticas encaminadas al crecimiento económico, la igualdad de
oportunidades y el equilibrio medioambiental en la zona rural, buscando
nuevos modelos de desarrollo que permitan, mediante el aprovechamiento
racionalizado de nuestros recursos, la mejora progresiva de las condiciones
de vida de los agricultores y ganaderos de la Comunidad. Pero no podemos
cerrar los ojos ante realidad: proteger sólo a las explotaciones ganaderas
muy grandes es desconocer el sector en la Comunidad Valenciana.
Si bien UPA-PV reconoce que los cascos urbanos han crecido de forma
importante, llevando a algunas granjas a una situación en la que resulta
difícil continuar el ejercicio de la producción, no está de acuerdo con
los requisitos, especialmente el de la dimensión, ni tampoco con el soporte
económico de la convocatoria de ayudas, que queda supeditado a la
existencia de fondos disponibles.
Por otra parte, la imposibilidad de acceder a estas ayudas, dificultará la
reubicación de granjas y dejará a las corporaciones locales en graves
dificultades, pues continuarán con los asentamientos de las explotaciones
ganaderas y los usuarios carecerán de la financiación necesaria para
trasladar las instalaciones dedicadas al alojamiento y albergue de los
animales a otros lugares. Las corporaciones tendrán un doble frente:
instalaciones que, más pronto o más tarde, deben desmantelarse por estar
ubicadas en zonas no autorizadas; y unos productores con dificultades
financieras para hacerlo.
El análisis meramente estadístico de las explotaciones ganaderas de la
Comunidad Valenciana nos proporciona medias muy por debajo de las 0,80 UTA.
Además, en este momento, sólo se puede considerar como explotación
profesional el 35,67% de las existentes, al tratarse muchas de estas
explotaciones de instalaciones complementarias de otras actividades
agropecuarias. Con datos estadísticos de 2004, podemos señalar que hay
9.153 explotaciones con un censo de 23.244.436 cabezas, incluidas todas las
orientaciones ganaderas, inclusive cunicultura y avicultura, que dan un tamaño
medio de 2.539 cabezas.
UPA-PV considera que publicar órdenes a las que prácticamente nadie se
pueda acoger, o que la participación sea muy baja, es asistir, una vez más,
a una política de intenciones que no llegará a conseguir los efectos benéficos
que se pretenden en el preámbulo de la orden, con el que nadie puede estar
en desacuerdo y que, sin embargo, puede producir, a la larga, un nueva carga
que acelerará el progresivo desmantelamiento y un claro retroceso en el
sector agroalimentario que se nutre de él.
Considero que en un momento crucial, con graves problemas coyunturales y
estructurales, en el que la renta de los productores agropecuarios desciende
en la Comunidad, se deberían desarrollar políticas de reestructuración
del sector para alcanzar mayor competitividad, en lugar de impedir, mediante
órdenes con condiciones excesivamente restrictivas, la evolución
necesaria.
En conclusión, nos encontramos con una orden que no resuelve los verdaderos
problemas del traslado de las granjas, que no tiene en cuenta a los
agricultores que compaginan distintas actividades agropecuarias y que, lejos
de resolver sus problemas, los aplaza en el tiempo.
Las Provincias - Comunidad Valenciana,Spain 13/02/2006
RAFAEL CERVERA CALDUCH/