Asturias peina el oro del Tíbet
Las cabras de Cachemira que el Serida cría en una finca de Illano producen al llegar cada primavera las preciadas fibras de cachemir, que cotizan a 150 euros por kilo
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Al tacto, esta pelusa ni pesa. Parece nada, una nube en la palma de la mano. Es
la fibra obtenida de las cabras de Cachemira, el carísimo cachemir, el pelo
animal más fino que existe con esa suavidad y con el que se elaboran todo tipo
de prendas, ninguna de ellas barata. Es oro para hilar: cada kilo de la fibra
que se extrae de estas cabras se paga en bruto a 150 euros, 25.000 pesetas. Con
la llegada de la primavera, comienza en el concejo de Illano la recogida del
cachemir en el rebaño más importante que existe en Asturias. Son 250 cabezas
que se crían en la finca experimental que el Servicio Regional de Investigación
y Desarrollo Agroalimentario (Serida) posee en Monte Carbayal.
En Monte Carbayal, a los pies del mayor parque eólico de Asturias, el invierno
es crudo y siempre ventoso. Pese a ello, las cachemiras asturianas gozan de un
clima más benigno que la mayoría de sus hermanas de raza caprina, que se
dispersan en rebaños por las cumbres del Himalaya, las altiplanicies del Tíbet
y el espacio del desierto del Gobi compartido por China y Mongolia. Allí está
la gran «fábrica» mundial del cachemir. La producción mundial se estima en
unas 6.000 toneladas y en las comunas de Mongolia se producen 1.400 toneladas.
El cachemir se obtiene peinando a las cabras, no esquilándolas. Es una fibra
que esta especie, conocida científicamente como «capra hircus», desarrolla
bajo su pelaje. La Cachemira, conocida por los nepalíes como «chyangras», se
protege así del frío de las zonas que habitualmente ocupa, con altitudes de
2.500 metros y temperaturas que pueden descender hasta los 30 grados bajo cero.
El cachemir, cuyo coeficiente de aislamiento es ocho veces mayor que el de la
lana normal, está compuesto por fibras muy finas, con un diámetro de entre 14
y 16 micras. Las cabras, además, presentan otro pelaje más externo de mayor
grosor y que se recorta antes del peinado.
«¿Por qué nos decantamos por las cabras de Cachemira? Por la calidad». Lo
explica Koldo Osoro, veterinario del Serida y responsable de la finca de Monte
Carbayal. «A finales de los años ochenta y principios de los noventa, se
plantearon distintos proyectos de diversificación de las producciones agrarias.
En el País Vasco trajeron ciervos, otros optaron por las cabras de angora, en
Nueva Zelanda por los camélidos. A nosotros, la más interesante nos parecía
el caprino de cachemir puesto que era el que daba calidad máxima».
Así fue cómo las cabras de Cachemira se convirtieron en actualidad en
Asturias, tras ser presentadas en público por el entonces presidente Antonio
Trevín, como una alternativa que debía tenerse en cuenta para el campo
asturiano puesto que su cría aportaría al ganadero no sólo la posibilidad de
obtener ingresos por la venta de carne sino también complementar sus ganancias
gracias al apreciado cachemir.
La propuesta suscitó no pocas chanzas en la oposición popular, sobre todo por
la exótica procedencia de las cabras publicitadas por Trevín. «¡Como si la
vaca frisona hubiese bajado del Picu Urriellu! ¡Resulta que tanto dinero y
leche como dieron esas vacas vino de Holanda! Y ahora vienen todas de Estados
Unidos genéticamente tocadas. ¿Cómo no íbamos nosotros a intentar mejorar
las rentas agrarias con algo que es natural?», reflexiona Osoro, el gran
defensor de esta alternativa.
A la postre, aquellas primeras cachemiras casi encontraron su sentencia de
muerte, pues con la llegada del PP al Gobierno del Principado, el entonces
consejero de Agricultura, Luis Peláez, ordenó la suspensión de las
investigaciones sobre esta alternativa para Asturias que llegaba del Asia
Central.
El rebaño del Serida no fue sacrificado. Fue a parar a la cooperativa gallega
Aceveda, de Vilariño de Conso, en Orense, donde en la actualidad cuentan con un
rebajo de unos 300 ejemplares. En Galicia, según precisa el presidente de la
cooperativa Aceveda, Fernando García Pérez, tan sólo se dedican a la producción
cárnica «porque nos resultaba muy caro hilarlo para los pocos kilos que producíamos».
Aun así, las cachemiras se han demostrado más rentables que las autóctonas:
son más maternales. Es decir, crían mejores cabritos para la venta.
La Nueva España - Asturias,Spain 2/04/2006
Las mantas de cachemir hechas por firmas de lujo cuestan 2.000 euros
«Cada hora de peinado produce unos
cuarenta euros», calcula Osoro
Con el regreso del PSOE al poder autonómico y la entrada
de Santiago Menéndez de Luarca al frente de la Consejería de Medio Rural, las
cachemiras
«resucitaron», pero no desde el mismo punto de partida. Durante el período
anterior, el Serida, en colaboración con el INIA (Instituto Nacional de
Investigación Agropecuaria), había investigado la mejora genética de las
cabras de Cachemira para incrementar la producción de la apreciada fibra por
animal. En la actualidad, como término medio cada cabra produce unos 250 gramos
anuales de cachemir, pero hay animales que llegan a producir de 400 a 500
gramos. Las investigaciones desarrolladas constataron que esta especie
demostraba un grado de heredabilidad media-alta, es
decir, que el éxito de los programas de selección era muy notable. Sin
embargo, el programa quedó abortado.
La lana que durante estos días se está peinando en la finca experimental de
monte Carbayal será enviada a Sourhope, en Escocia. El Serida está integrado
en una asociación de productores de fibra de cachemir que en ese lugar reúne y
clasifica todas las producciones de los distintos rebaños. Cada kilo de
cachemir recibido se paga a unos 150 euros.
En esta «segunda vida» de las cachemiras asturianas, Koldo Osoro no ha
renunciado a continuar con la investigación en la mejora de la productividad de
cachemir por cabra, como tampoco ha abandonado su creencia de que la
transformación de la fibra de las cachemiras en prendas puede ser una buena
salida para el medio rural asturiano y, en particular, de que puede servir para
fomentar el empleo femenino. «A diferencia de otras materias primas, el
cachemir puedes manufacturarlo en el propio medio rural y, en este caso, la
mujer podría tener su propia actividad». De hecho, prevé que ese envío de
fibra de cachemir que ahora se enviará a Escocia retorne a Asturias en forma de
hilo con el que se puedan tejer prendas para ilustrar las posibilidades de esta
raza caprina.
Koldo Osoro tiene hechos los cálculos de rentabilidad sólo del proceso de
criar, peinar y vender el cachemir en bruto: «Cada hora de peinado supone unos
cuarenta euros». Luego el cachemir va incrementando su valor en el largo viaje
del lomo de una cabra al cuello de un humano. Y si este humano es adinerado, el
aumento de precio resulta vertiginoso: la firma Hermès vende mantas de cachemir
a más de 2.000 euros
La Nueva España - Asturias,Spain 3/04/2006