Ser una cabra en Asturias es una situación
extraña. Por una parte, la cabaña de ejemplares autóctonos, destinados a la
producción de carne, no hace más que descender, igual que el número de cabezas.
Pero, por otra, buena parte del sector ganadero ve en esta especie una buena
baza de futuro de cara a la producción de leche. Eso sí, para estas

nuevas
explotaciones es necesario importar ejemplares de otros lugares de España o de
Francia, propicios para la obtención del producto. Las buenas perspectivas de
futuro vienen dadas porque ahora en Asturias es necesario importar leche de
cabra para la elaboración de quesos.
Las ganaderías caprinas son un
fenómeno emergente en el Principado. Según explica el presidente de la Cámara
Agraria y ex secretario general del sindicato COAG, Marino Fernández, en estos
momentos existen en Asturias menos de media docena de explotaciones caprinas de
leche, pero para el año que entra se prevé la creación de «unas doce o catorce
con unas dimensiones importantes, de entre 400 y mil cabezas». Si el negocio es
tan pujante como se espera, las previsiones más generosas cifran en «unas
cuatrocientas explotaciones las que estarán funcionando en cinco
años».
Todo esto se prevé en el mismo momento en el que la cabaña caprina
de la región no hace más que descender. Según los datos de la Sociedad Asturiana
de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), en 2003 había en Asturias 1.722
explotaciones con 43.719 cabezas; pero en 2004 las cifras descendieron de manera
espectacular, hasta quedarse en 1.425 explotaciones y 33.671
cabezas.
Nacer en la montaña
La brutal caída
tiene una fácil explicación: «Por una parte, muchos de los pastores son gente
mayor que deja la actividad; por otra, están los ataques del lobo», explicar
Ramón Artime, secretario general del sindicato agrario Asaja. Porque, añade
Marino Fernández, hasta este momento «todo ese ganado es para estar en zonas de
montaña, sobre todo en el oriente de Asturias, y enfocado a la producción de
carne, salvo en Cabrales», donde la leche se usa para la elaboración del
emblemático queso.
¿Tan peligroso es el lobo? Al parecer, el depredador
en un ataque puede acabar con hasta «veinte cabezas, y luego el pastor vende el
resto porque da la cabaña por perdida», dice Fernández. El motivo es que no
puede comprar nuevos ejemplares «en el mercado para sustituir a los muertos,
porque el ganado tiene que nacer en la montaña; si metes a otros animales, en
cuanto llega la niebla se pierden y sólo regresan a casa los ejemplares
'veteranos'».
Pero el caprino de leche, cuya proyección se prevé en
Asturias a corto plazo, se mantiene estabulado, con una infraestructura similar
a las explotaciones de vacuno. Sin embargo, las diferencias entre ambas
actividades son importantes: en primer lugar, los mayores defensores del nuevo
modelo recuerdan que «no hay cuota», como en el caso de la leche de vaca. Es
decir, se puede producir tanto como se quiera o se pueda. «Puedes trabajar a tus
anchas, sin las cortapisas de las explotaciones de vacuno, y se puede crecer sin
inversión, sin necesidad de comprar cuota», explica Marino
Fernández.
El doble de caro
Otra de las diferencias
es el número de cabezas necesario para que una explotación sea rentable. Para
igualar la producción de una vaca son necesarias siete cabras, cada una de las
cuales da una media de dos litros de leche al día. Sin embargo, esto no quiere
decir que alguien con 100 vacas necesite 700 cabras para igualar la
rentabilidad, porque el precio del producto caprino dobla al del
bovino.
Según calcula Marino Fernández, una explotación caprina es
rentable para una persona dedicada a la actividad cuando cuenta con 300
ejemplares y su producción es de entre 200.000 y 250.000 kilos al año. La
cantidad es la mitad de la necesaria en una explotación de leche de vacuno, pero
el precio cambia: mientras que la leche de vaca se vende «a unos 30 céntimos el
litro», la de cabra se eleva «entre los 57 y los 63, dependiendo de la materia
grasa y la proteína», es decir, el doble.
Al parecer, todo son ventajas.
¿Podrían entonces desplazar las explotaciones caprinas a la bovinas? Según el
secretario general del sindicato agrario UCA, José Calvo, «todo lo que sea
diversificar está bien, pero lo principal en esta región es la carne y la leche
de vacuno». A su juicio, esta nueva actividad en la región iría destinada «sobre
todo a la gente joven, que no tendrá que comprar cuota para iniciarse en la
actividad». En fin, que puede ser «una alternativa para el sector, que lo está
pasando mal». Pero también pide que «no se echen las campanas al
vuelo».
Artime, de Asaja, es de la misma opinión, aunque constata que se
trata de un tipo de explotación que «funciona bien en otras regiones, aunque
aquí no sé si funcionarán». A su juicio, sí lo harían hasta un número
determinado para cubrir las necesidad que la región ahora debe cubrir con
producto foráneo. Sobre todo, porque «en Asturias hay una gran variedad de
quesos que se venden muy bien. Si pudiésemos mejorarlos con leche de cabra
producida aquí seríamos un referencia como lo es el parmesano en Italia». Lo que
sí constata es que «ya hay gente que está viajando a Francia para comprar cabras
de leche».
Las tres razas
Es del país galo de donde
proceden dos de las principales razas de ganado caprino de leche: la alpina y la
sanen. La murciano-granadina es la «puntera» en España, aunque también existe la
majorera, en Fuerteventura, donde es la protagonista de la actividad económica
de la isla, donde hay 250 explotaciones de caprino de leche con más de mil
cabezas cada una. «La producción de queso majorero está toda vendida antes de
salir de la explotación», asegura Marino Fernández.