Se trata, sin duda, de uno de los postres más tradicionales del recetario
español y si bien se toman durante todo el año, es ahora en la época
veraniega cuando mejor sientan, sobre todo, bien frías. Aunque la base de
su receta admite pocas variaciones, lo cierto es que a lo largo y lo ancho
de la geografía española, puede llegar a presentar un sinfín de pequeños
matices que den lugar a texturas y sabores muy diferentes.
El heladero Andrés Sirvent, por ejemplo, no tiene dudas a la hora de
escoger el elemento que a su gusto hace de unas natillas las mejores: la
leche de cabra. Reconoce que cada vez es más difícil encontrarla y
recomienda en este sentido que no la busquemos fuera, porque «la que se
produce aquí en La Rioja, por ejemplo en Munilla, es de las mejores
leches de cabra que se pueden encontrar, y no sólo para emplearla en unas
natillas, yo la tengo siempre presente en casi cualquier receta como la de
yogures o quesadas».
Para su elaboración apenas se requiere de unos minutos y un poco de
paciencia. En cuanto a los ingredientes, basta con hacer acopio de leche,
nata, huevos, azúcar, limón, canela y un poco harina de algarroba. Yendo
paso a paso, lo primero que hay que hacer es poner a hervir la leche de
cabra con la nata y el azúcar y no dejar de removerlo todo. Mientras, se
le añade un poco de cáscara de limón y también una ramita de canela.
Cuando la mezcla comienza a hervir, es el momento justo para añadirle la
harina de algarroba con el objetivo de reducir el hervor. «Durante todo
este proceso no debemos dejar de dar vueltas con una cuchara en ningún
momento a los ingredientes porque si no se nos pegará la leche y nuestra
natilla no cogerá el cuerpo que debería», advierte Sirvent.
Conseguido esto, cuando baje el hervor será momento de colar la mezcla y
verterla en un bol, donde previamente habremos batido las 6 yemas de
huevo. Con todos los ingredientes ya a punto, hay que continuar removiéndolo
para, finalmente, depositarlo en el recipiente donde estará listo para
reposar y enfriar.
Precedido siempre por su buen humor y tremenda calidad humana, Andrés
Sirvent es capaz de estar a la vanguardia de la innovación y animando, al
mismo tiempo, «a las amos y amos de casa a que elaboren las natillas como
se han hecho siempre, con un poquito de canela y acompañadas de una
galleta.