La localidad palentina de Villaumbrales ha instituido una
fiesta para recordar la profesión del pastor, ese trabajo duro y solitario
que se extingue poco a poco, al igual que muchas de las actividades
profesionales del mundo rural.
Para evitar que la ocupación de pastor acabe definitivamente en el olvido,
el Centro de Iniciativas y Turismo (CIT) de Palencia ha instituido el Día
de Exaltación del Pastor, que ayer cumplió su segunda edición y que va
camino de consolidarse como una de las citas de la primavera para que los
nostálgicos y curiosos rememoren las viejas tradiciones de la recogida del
ganado ovino, el esquileo y el ordeño, sin olvidar los aromas gastronómicos
de una caldereta bien condimentada. Todo eso se ofrece al visitante en esta
fiesta, en la que además Villaumbrales puede recordar su vinculación con
la ganadería y sus derivados, de la que actualmente viven varias familias
de la localidad.
La alcaldesa de Villaumbrales y presidenta del Patronato de Turismo de la
Diputación, Inmaculada Rojo, no quiere que los vecinos olviden la función
económica que ha jugado el ganado lanar en el desarrollo de la comarca y la
importancia que tiene recobrar unas tradiciones que permiten transmitir a
las nuevas generaciones cómo era el pastoreo tradicional.
El II Día de Exaltación del Pastor se inició ayer bajo la lluvia, pero el
agua no restó interés a la celebración. La degustación típica de orujo
y pastas y el pregón del locutor Julio César Izquierdo dio paso a un
homenaje a las labores de pastoreo, una auténtica lección de recogida y
buen trato al ganado ovino que protagonizaron Chuchi Larrazábal y Eusebio
Bengoechea, miembros de la Agrupación del País Vasco de Competición de
Perro Pastor.

Los ganaderos de Villaumbrales también jugaron su papel protagonista en
esta fiesta, al colaborar en las demostraciones de recogida del ganado con
perros. Y como era de esperar, tampoco faltó una degustación de la
tradicional caldereta del pastor, preparada por los componentes del Centro
de Iniciativas Turísticas de Velilla del Río Carrión.
Para la tarde también estaban previstas actividades festivas con juegos autóctonos
y música tradicional, y vinculadas a la situación meteorológica, al igual
que la misma profesión del pastor, siempre mirando al cielo para proteger
sus rebaños.