Lagunas de Guanacache: Cabras para subsistir

VIVIANA PASTOR – DIARIO DE CUYOEn las Lagunas de Guanacache, el último refugio de los descendientes huarpes de la provincia, la gente vive de la venta de sus cabras; y aunque cuesta creerlo, hace muchos años lo que vendían era pescado.

De esas épocas de oro, cuando sobraba el agua, los peces y hasta el trigo que ellos mismos sembraban, no queda casi nada. Hoy los laguneros subsisten gracias a los 25 pesos que les pagan por cada animal, pero siempre a expensas de que los compradores lleguen hasta la zona. También venden el guano de cabra, aunque este ingreso se produce sólo una vez al año, para julio. Entonces reciben unos 450 pesos por cada camionada.

Sólo los más habilidosos reciben unos pesos extra por sus artesanías, en telar o cuero, que generalmente venden en Mendoza.

En el gobierno no tienen datos certeros sobre la cantidad de ganado caprino del departamento, por eso esta semana habrá una reunión en el municipio de Sarmiento para hacer un censo de todos los puesteros y su ganado. “Los que hay son datos aislados por eso queremos convocar a los productores y constatar en el lugar esos datos”, dijo Eduardo Burgos, subsecretario de Agricultura y Ganadería de la provincia.

Sin energía, sin agua potable, sin ingresos fijos y sin promesas, los laguneros resisten, y dicen que no piensan irse de su tierra.

Hacia las Lagunas

Las huellas se cruzan y se abren, y hay que ser bien baqueano para no perderse en esas llanuras que parecen no llevar a ningún lado. Sin embargo por una de ellas se llega a las Lagunas de Guanacache, aunque muchos laguneros viven bien lejos del agua.

Al límite con Mendoza, en el departamento Sarmiento, diseminadas en el llano, hay unas 20 familias, pero los límites son difusos para la gente y no saben cuántos son sanjuaninos y cuántos mendocinos.

La base de su economía son las cabras, de ellas se alimentan y de ellas obtienen el dinero para subsistir vendiendo hasta el guano. Por eso aún lamentan la pérdida de muchos animales que murieron en el invierno del año pasado, durante una nevada, sobre todo porque aún no les llegó ayuda de ningún lado.

Los tanques azules de plástico al lado del camino anuncian la próxima casa, pero también son señal de la principal carencia de esta gente, el agua potable, y esperan silenciosos y vacíos la llegada del camión municipal que lleva agua limpia una vez al mes. Cuando esta agua se termina, y es a los pocos días, los laguneros tienen que caminar hasta el río San Juan para traer agua, un río que llega turbio y hediondo a los confines de la provincia.

Sus vecinos mediagüinos dicen que los laguneros son “introvertidos y desconfiados”, sin embargo en todo el distrito no se ve ni un solo alambrado que separe las propiedades. Esto hace que a veces los ganados se mezclen, pero la gente no se hace problema: “Cuando pasa eso hay que agarrar uno por uno a los animales e identificarlos por la señal”, dijo Sergio Morales, uno de los primeros puesteros en el camino de las lagunas. Cada puestero tiene una marca diferente para su ganado, que es como el DNI de ese animal.

A Morales se le murieron 35 cabras por culpa de la nieve, y hoy tiene 400. Hace unos días vendió unas pocas a un frigorífico de San Juan que va a buscarlas y paga 26 pesos por cada animal. La plata será destinada a la construcción de su casa de ladrillos -pegada a la antigua vivienda de adobe, ya casi en ruinas-, a la que aún le faltan puertas, ventanas y toda la obra fina. La nueva vivienda da señales de que Morales piensa quedarse en los pagos de sus ancestros. Su padre les dejó a sus dos hijos terrenos y casa en Media Agua, pero Sergio ya se los cedió a su hermana y sus sobrinos, porque él no piensa irse de ahí.

A 30 kilómetros de Media Agua, Morales, como el resto de los habitantes de las lagunas, no tiene auto, sólo cuenta con sus caballos y su bicicleta para movilizarse. ¿Qué pasa si hay una urgencia, si se enferma? “Nunca me enferme, ni un resfrío”, dice como si fuera lo más natural del mundo. El lagunero aprovecha la presencia del director de Acción Social del municipio, Marino Cendón, para pedirle una bomba de agua para traer agua del río y poder sembrar. “Aunque sea usada, yo la puedo ir pagando, no quiero que me la regalen”, dijo.

Más al Sur

Los puesteros que están más lejos tienen menos visitas y menos posibilidades de vender sus cabras. Más al Sur, la familia de Pancho Molina hace mucho que no vende nada. La señora, Paula Videla, lamenta todavía la pérdida de más 100 animales de su rebaño por la nieve del año pasado y ahora sólo le quedan unas 200 cabras. Durante la cosecha algunos de sus hijos se fueron a trabajar con las cuadrillas, y eso ayudó a pasar el verano. Con una dicción cerrada, Paula dice que hace mucho que no tienen agua y que tienen que caminar 200 metros, hasta el río, para tener agua para tomar. En su casa todavía no había movimiento de almuerzo, pero la base de su alimentación son las mismas cabras, algunas gallinas y los pocos pescados que sacan de las lagunas. “Son ricos, gordos y casi siempre los comemos fritos”, dijo.

La huella continúa y pasa por un caserío, es el clan de los González, tres generaciones de la misma familia que viven en casitas separadas; lo mismo que los Quiroga, casi tocando Mendoza, todos puesteros. “Hace varios meses que no vendemos nada”, dijo Vicente González, un descendiente de los primeros habitantes huarpes de Guanacache. “Además hace como 10 años que pagan el mismo precio”, aseguró.

Con un rebaño mermado a 150 cabras, los González esperan que con las nuevas pariciones puedan vender algunos chivitos este mes.

Los techos de estas casas tienen pantallas solares, pero ellos no tienen energía. Es que las pantallas fueron colocadas por el gobierno de Mendoza hace seis años, pero según la gente, sólo funcionaron dos años, se agotaron las baterías y se quedaron si energía. “Agua y energía, eso es lo que más necesitamos”, dijo Miguel, uno de los hijos de Vicente, “y una posta para que atiendan a los niños cuando se enferman”, ya que en la zona hay unos 60 chicos.

“Tranquilidad es lo único que tenemos en Guanacache”, dijo el padre para cerrar la idea de aislamiento en la que se encuentran.

Otro ingreso que tienen los González, una o dos veces al año, es por la venta de artesanías, telares, ponchos, fajas de lana de oveja, y de accesorios de cuero para la monta. “Por un bozal de cuero me dan 30 pesos y 150 por por los lazos”, dijo Miguel; mientras que su esposa Yolanda puede obtener hasta 270 pesos por un poncho de cerradísimo tejido.

Todos los puesteros esperan ansiosos el mes de julio, cuando se vende el guano de todo el año y por el que reciben entre 450 y 500 pesos por camionada; y dependiendo de la cantidad de animales que tiene cada uno, pueden vender entre 5 ó 10 camiones a los diferimientos de la provincia que van a buscar este guano por ser uno de los mejores fertilizantes para los cultivos.

Diario de Cuyo – San Juan,Argentina 8/05/2006

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