La leche de cabra, un proyecto para combatir la desnutrición

La Facultad de Veterinaria, el Ministerio de Agricultura y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología incursionan en un programa.

Jorge Acosta Albiul ha dejado temporalmente su trabajo en Cuba para pasar una semana en Guatemala. Sin duda, este veterinario es una “autoridad” en cabras o en “producción caprina”, dirían los veterinarios y zootecnistas de la Universidad de San Carlos a quienes en estos días les enseña a hacer inseminación artificial y a implantar embriones.

Ciertamente, el trabajo de Acosta no es común en Guatemala. Pero en su país sí lo es. La producción de leche de cabra creció de 14 mil litros anuales en 1999 a 74 mil en la actualidad.

Los beneficiarios con el resultado de invertir en programas de mejoramiento genético han sido los niños. Sí, en la Isla, cada pequeño que es “intolerante” a la leche de vaca tiene derecho a un litro de leche diario de cabra.

El programa, que funciona en conjunto con los ministerios de Agricultura y Salud, ha tenido éxito en mejorar la nutrición de los niños, especialmente de 0 a 5 años. Esa es la misma razón por la que Acosta entrena a 55 veterinarios y zootecnistas guatemaltecos. Según Romeo de la Roca, coordinador del proyecto “Leche caprina para la familia rural”, la intención es replicar las experiencias cubana y mexicana.

En algunas sedes del ICTA y en nueve centros universitarios será construida la infraestructura para convertirlos en laboratorios de mejoramiento genético. Una vez que haya concluido esta etapa, la siguiente continuará en las comunidades. Los favorecidos, a cambio, tendrán el compromiso de entregar dos crías al programa.

De la Roca ve otras posibilidades que van más allá de la mera propagación, como fabricar quesos, cajeta o jabones y cremas en el caso de productores con mayores recursos.

A bajo costo

Las cabras tienen una mayor tasa metabólica que los grandes rumiantes. El consumo de producir hasta el 62 por ciento de leche más por unidad de peso vivo. Además, pueden quedar preñadas más de una vez al año y tener más de una cría en cada parto.

Acosta explica que al comienzo se escoge un macho con mucho potencial genético que se cruza con las cabras. A la vuelta de tres o cuatro años, los genes han sido sustancialmente mejorados.

Existen dos formas de mejorar la producción a través de la extracción del semen que se diluye y se insemina artificialmente a las hembras o por medio de la transferencia de embriones.
Esta última técnica consiste en provocar en la hembra una “superovulación”.

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