La iniciativa ecuatoriana pega en Italia

Los microempresarios nacionales se abren espacio. Las historias de un productor de quesos, un impresor gráfico y un agente de viajes reflejan la situación.

Carla Maldonado. Corresponsal en Italia

César Pinza se siente a sus anchas en su negocio Formas Gráficas Publicitaria de la calle Campania, en Milán. Mira de reojo cómo los italianos y los extranjeros entran, piden, pagan y salen. Mientras su personal ‘derrama’ gentileza, porque “el cliente tiene siempre la razón”, como dicen en EE.UU.

Él es uno de los 18 506 empresarios latinoamericanos que se abrieron paso en Italia, según los registros actuales.

1 799 ecuatorianos tienen microempresas en alguna rama en Italia, en la actualidad.

Las impresoras funcionan con extrema rapidez y sacan las tarjetas personales en cinco minutos. Un récord en una ciudad, donde se requieren ocho días para eso. Pinza apunta hacia la excelencia en la atención.

Este ingeniero gráfico, lojano de 31 años, causa admiración y hasta escepticismo. Es el único propietario de una gráfica en el universo de 230 000 pequeños empresarios afuereños en Italia.

Solamente pocos como él y otros connacionales tienen las agallas suficientes para lanzarse a nuevas aventuras comerciales en suelo ajeno. Otros inmigrantes se improvisan como ‘periodistas’ y crean sus propias revistas para huir de los trabajos como albañiles o ayudantes de limpieza. O abren centros telefónicos y los convierten en una especie de bazares, coloridos y bulliciosos.

Sencillo y emprendedor, Pinza siguió el sueño europeo y aterrizó en Milán hace cuatro años. Al inicio se dividía en dos trabajos: gráfico y vendedor de tráfico telefónico. Pero después estudió el mercado local y sus perspectivas e instaló su negocio. Invirtió 17 000 euros para ofrecer servicios de gráfica publicitaria, comunicación visual y sitios web.

El primer año fue difícil, vendía puerta a puerta para que lo conocieran. Cuando posesionó su marca, alquiló un local más grande, armó un ‘showroom’ y un taller. Ahora maneja a 280 clientes, 30 de estos son extranjeros. Factura 5 000 euros mensuales y tiene cuatro empleados; una italiana por marketing y estrategia comercial; y tres latinoamericanos.

Actualmente está por estrenar un local más grande, que le cuesta 90 000 euros. Su idea es abrir una cadena de negocios en franquicia por toda la ciudad.

Su proyecto también incluye una planta industrial en Brugerio (cerca a Milán) para trabajar con toda su familia.

Entre tanto, Patricio Zamora, un mantense de 33 años, es pionero en la fabricación de quesos ecuatorianos y sudamericanos en Italia.

Hace cinco años cruzó el Atlántico y se instaló en Pavia, una pequeña ciudad a 35 km de Milán. Trabajaba como bodeguero, pero también preparaba quesos en la cocina de su casa como un homenaje a sus abuelos manabitas que le ‘soplaron’ su receta.

Esta idea nació mientras buscaba desesperadamente un queso similar al ecuatoriano entre 200 clases locales. El mercado de Zamora se reducía a sus amigos. Pero la demanda creció. Así este mecánico industrial decidió lanzarse por completo al negocio. Reunió centavo a centavo para comprar los equipos para su microempresa. Sus quesos, blandos y frescos, se llaman La excelencia.

Invirtió 25 000 euros y contrató a dos empleados italianos y a dos latinos. Cada mes tiene una producción de 1 300 kg de queso y factura 6 000 euros. El cuajo importa de Ecuador y no usa preservantes ni colorantes. Zamora también produce quesos bolivianos, más blandos y salados que los ecuatorianos. Luego venderá el queso brasileño, tipo mineiro.

César Bueno, quiteño, 44 años, es un inmigrante latino con licencia para manejar una agencia de viajes en Italia. Él fue gerente de ventas de la multinacional holandesa Unilever en Bolivia. En ese país conoció a su esposa, que soñaba con vivir en el Viejo Continente.

Hace cuatro años llegaron a Bergamo, una ciudad a 40 Km de Milan, donde se concentra la comunidad boliviana.

A este ingeniero comercial le costó esfuerzo obtener la licencia para abrir una agencia de viajes. No le permitían inscribirse en los cursos de billetería aérea y de la IATA, porque era extranjero.

Pero Bueno estudió nueve cursos y fue el alumno más destacado, eso le sirvió para entrar en el negocio. Con 40 000 euros, 30 000 en cursos y 10 000 euros para el local, inauguró su local.

Factura 180 000 euros al mes y tiene una cartera de 600 clientes, la mayoría bolivianos. Ofrece un servicio personalizado, que ayuda a ahorrar entre 300 y 400 euros por boleto aéreo. Y su negocio es uno de los pocos que atiende al mediodía y los domingos, hasta las 21:00. “Mi facturación es alta pero las comisiones de la IATA son pequeñas. Pero genero volumen y buena rentabilidad para mí. Mis ganancias las invierto en Ecuador, a donde quiero regresar”.

Diversas ocupaciones

La mayoría de las pequeñas empresas extranjeras en Italia están en el sector del comercio (40%). Le sigue la construcción (29,9%) y los servicios (13,5%).

Se calcula que hay 150 00 ecuatorianos en Italia, según fuentes no oficiales. La mayoría llegó entre el 2000 y 2002. Los connacionales principalmente son de la Costa (Guayaquil, El Oro, Manabí), le sigue la Sierra (Pichincha).

Los ecuatorianos en Italia se dedican al trabajo doméstico; cuidar ancianos y niños; limpiar casas, oficinas y edificios, albañiles; lavaplatos; bodegueros…

También existen ecuatorianos desocupados, dice un estudio publicado por el Centro de Estudios Políticos Internacionales (Cespi), del 2007.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Responde correctamente para comprobar que eres una persona: *