El queso, salvación de ganaderos

Las queserías de Hidalgotitlán, Veracruz, se han convertido, para muchos ganaderos, en la opción para evitar que Nestlé les compre a mal precio. “Seguimos ordeñando, nos gusta trabajar, pero nos sentimos explotados. Tenemos mucho que informar porque estamos olvidados por el gobierno”, lamentan

ALEJANDRO SUVERZA/ENVIADO
El Universal
Jueves 15 de marzo de 2007

HIDALGOTITLÁN, Ver.- A más de 800 kilómetros de distancia de la cuenca lechera de Tizayuca, Hidalgo, las queserías se han convertido para muchos ganaderos en Hidalgotitlán, Veracruz, en la salvación ante la crisis lechera, y con ello evitar que Nestlé, una de las empresas lecheras más poderosas del país, les mal compre.

A diferencia de este municipio del sur de Veracruz, en Tizayuca hay un solo quesero, Gustavo Osorno, quien no vislumbró otra salida más que convertir su leche del establo 184 en queso oaxaca. Esa fue la única forma de sacarle provecho. Se asoció con su suegro, Alejandro Juárez, y desde hace cuatro años comenzaron con 200 litros que convertían en 25 kilogramos de queso, porque la producción es casi 10 por uno.

Actualmente ocupan 11 mil litros que se transforman en mil 200 bolas. “Es que la leche la pagaban muy barata”, dice. Ahora no descansa un solo día a la semana, tiene siete trabajadores y 17 clientes que le consumen su producción. Al día invierte 53 mil pesos y vende de 60 a 62 mil.

“La idea es seguir con esto, es un negocio muy dócil, todo el día traes dinero, pero todo el día andas trabajando. El riesgo es que si me cuesta más producir un litro de leche de vaca, me van a obligar a hacer queso de leche de polvo, y esa sería la única forma de abaratar el costo del queso”, dice Osorno.

Pero en este municipio del sur del Veracruz, una región semiselvática, la palabra ganadero no suena tan rimbombante cuando se trata de personas que tienen entre 10 y 40 vacas, y es la única opción que tienen para comer.

Tres escapes de la realidad

Es la mina de oro de Nestlé, aunque Sergio Godínez, el jefe agropecuario de la planta en Coatepec, asegure que sólo compran 15% de la leche producida en Hidalgotitlán y sus alrededores. Aquí no hay más de tres escapes de la realidad: venderle la leche a la transnacional, comerciarla con los queseros o irse de mojado a Estados Unidos.

Son cientos de campesinos los que clavan toda la esperanza en la leche. Estos hombres viven en lomeríos, en una tierra de sobra fértil y que las lluvias nunca desamparan; antes sembraban frijol, maíz y arroz, pero nunca sintieron bienestar económico. Después se dedicaron a la venta de carne gracias a un crédito bancario que se los otorgó, pero en la crisis de 1994 los intereses los acabaron. Hoy la apuesta es a la leche.

Hombres que desde hace años viajaban horas con sus botes de 40 litros en caballos, burros o en camionetas de pasaje para llegar a los cruceros en los que pasaba la pipa que llevaría el producto a la Nestlé.

Para entrar a Hidalgotitlán, un municipio donde hay casi 7 mil ganaderos, hay que cruzar una cerca que Omar, un niño de nueve años, se encarga de abrir. Dice que tiene que mantenerla cerrada porque el ganado de su patrón, Carlos Cruz, no debe pasar, porque podría provocar un accidente.

En el pueblo hay una reunión de ganaderos en la que un funcionario del gobierno veracruzano les pide lealtad y fidelidad a la Asociación Ganadera Local de Hidalgotitlán, que tiene mil 200 socios y que, a su vez, pertenece a la Unión Ganadera Regional del Sur de Veracruz, con más de 25 mil integrantes. El argumento que utiliza es que se acercan “tiempos difíciles de globalización en 2008”.

Se supone que los dos grupos pertenecen a la Confederación Nacional Ganadera; lo raro del asunto es que el propio presidente de la asociación, Leonilo Pérez Guzmán, no sabe a ciencia cierta si son parte o no: “Yo siento que sí”, dice.

El que lo dejó más en claro fue Armando Pérez, un hombre que lleva 14 años vendiendo su leche a Nestlé: “Estamos asociados, pero nunca han hecho nada por defendernos. No tiene ni chiste, y no buscamos otra, será porque somos tontos. Años y años trabajando, entregue y entregue leche fría y ahorita la están pagando a 2.60 pesos el litro”.

El pequeño ganadero Florentino Cruz García, mientras come un taco de barbacoa de una vaca que mataron para la ocasión, se mete en la plática. Dice que Nestlé es la que acapara y paga lo que quiere. “Estamos peleando para que venga otro porque queda muy poco (dinero) para la familia”, dice.

Cruz García tiene 30 vacas productoras pero, a diferencia de las de la cuenca lechera de Tizayuca, Hidalgo, sus animales son de pradera y comen pastura natural. Entre él y su padre tienen 50 hectáreas. Su reflexión es simple, cuando Nestlé llegó a esta región pagaba 90 centavos por litro. En 14 años le ha subido sólo un peso con 60 centavos, porque hoy la paga a 2.60 y esa si está fría.

Cuenta el jefe agropecuario de Nestlé Coatepec, Sergio Godínez, que cuando iniciaron los programas para dotar de ganado a los campesinos de la zona, la empresa los financió para comprar tanques enfriadores, pero además de eso les vende todos lo insumos necesarios para la producción del lácteo.

Ambos coinciden en que la única ventaja de vender la leche a la paraestatal es que paga cada catorcena, a diferencia de los queseros, que pagan una producción y dejan de pagar dos. El problema con la empresa es que a veces se llenan los tanques y luego no llegan a recogerla, y no se hacen responsables.

Para el presidente de la asociación, Leonilo Pérez Guzmán, sólo hay una salida. “Lo que queremos es que nos suban el pago por la leche”.

Pueblos enclavados en las lomas, en los que individuales y grupos muestran y cuidan como tesoros los tanques refrigerantes que los ayudarán a sobrevivir. Municipios lecheros como Las Choapas, Carranza e Hidalgotitlán, al que pertenece el ejido Adalberto Tejeda, en el que un grupo lechero que se hizo llamar Tucán, con 17 pequeños ganaderos, arroja su desesperación.

Tomaron asiento muy cerca de los tanques de leche que la transnacional les vendió en 32 mil pesos. No están todos porque fue imposible convocarlos sin el altoparlante del pueblo. Dice José Cruz González: “Uno no puede ir a protestar a la oficina de Nestlé, porque no hay con quién, se echan la bolita unos a otros”.

Cuenta José Cruz que hace 17 años “Nestlé puso un tanque enfriador en el municipio de Jesús Carranza y un camión de tres toneladas pasaba por dos rutas. Todos los productores lo andaban cachando porque si no estabas se iba. Luego se logró un crédito de Banrural para comprar un tanque de 10 mil litros que se puso en el ejido Arroyo la Palma, que fracasó por la mala administración. Ahí está el tanque abandonado”, dice José. Hasta que Nestlé comenzó a vender tanques de 500 y mil litros.

El primer tanque que compraron se pagó con leche, no recibieron un solo centavo durante un año. Era 1996, cuando les pagaban el litro de leche en un peso 80 centavos. Once años después, está a 2.70 ó 2.80. Entusiasmados con la producción que iban logrando, al siguiente año quisieron meter más leche en un tinaco Rotoplas, pero se echaba a perder. No hubo más remedio que comprar otro tanque. Todo iba bien.

El ganadero Pablo Chagala dice:

“Pero ahorita la leche se ve obsoleta, ya no, ya no. Seguimos ordeñando, nos gusta trabajar, pero nos sentimos explotados. Un desparasitante cuesta 700 pesos; un rollo de alambre, 500; un frasco de vitamina ADE, 240 pesos, y además hay que comprar pasto mejorado porque el normal caducó. Empastar una hectárea cuesta 2 mil pesos (tres cabezas por hectárea).

“Aquí tenemos mucho que informar porque no estamos marginados, estamos olvidados por el gobierno”, dice José Cruz.

“Yo no entiendo por qué el gobierno apoya más a los empresarios o por qué cuando éramos campesinos Sagarpa apoyaba a los que tienen dinero, porque los programas los tienen los que pueden pagar. Entendemos lo que deben hacer, pero nosotros no podemos pagarlo”.

“Nestlé está matando a la gente”, dicen los ganaderos. “Y es que no tiene competencia. Hay algunos queseros pero compran poco”, dice el ganadero Chagala. Para José Cruz Liconsa sería una opción, “pero Liconsa no ha venido”, agrega mientras ríe.

Dicen los del ejido Adalberto Tejeda que el Fondo Nacional de Apoyo para las Empresas de Solidaridad pondrá una planta lechera, pero agregan que va comenzar a funcionar un 30 de febrero, porque ese día nunca llegará.

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