El queso canario no despega

ALBERTO RIVERO | LAS PALMAS
Domingo, 28-09-08
Los ganaderos canarios han dicho «basta». Se les ha acabado ya el margen, la paciencia, el optimismo. Las deudas afloran, las ayudas escasean. Los dineros que llegan se devuelven a Europa por culpa de errores administrativos inexplicables. Irrumpen los lamentos y con ellos una reflexión generalizada: el sector primario languidece. Los atributos que han alimentado a generaciones de isleños se van con él a la tumba.

El queso canario no despega. La crisis golpea duro. La competencia es feroz y cuesta colocar a este producto tradicional de la gastronomía de las Islas en el lugar que los productores creen que le corresponde. Su éxito les precede. En el Archipiélago hay tres quesos que han obtenido la denominación de origen. El Queso Majorero, el Queso Palmero y el Queso Flor de Guía. Marcas de renombre. Suculentos manjares sólidamente instalados en el mercado. Pero, ¿qué ocurre con el hermano pequeño? ¿Qué dirán los artesanos, las familias que han dedicado su vida al arte de fabricar queso?

«Los quesos canarios son de los mejores del mundo. Tenemos un diamante en bruto y es una pena que con todo el trabajo que se ha hecho por parte de los artesanos no se potencie este sector», cuenta José Manuel Ponce, presidente de la Federación de Ganaderos de Gran Canaria. «Hay gente que viene de otros países para comprar quesos de Canarias, pero parece que lo que prima aquí es beneficiar a los productos que se traen de fuera», prosigue. Ponce habla de una extraña afección de las administraciones canarias a ignorar un trabajo valorado fuera de las Islas. Se refiere concretamente a una subvención que reciben los productores foráneos por introducir su mercancía aquí. «El Gobierno de Canarias les da un cheque-regalo, por valor de 500 euros la tonelada. Un contenedor trae entre 18 y 20 toneladas. Así que reciben 10.000 euros. El mercado es libre. Pero nos parece inmoral que se premie a estos señores porque sólo con las subvenciones ya pueden vender el queso a precio de costo. ¿Acaso nos van a pagar a nosotros en Alemania por llevar nuestro queso allí?», se pregunta contrariado.

Ponce es la voz de algunos ganaderos grancanarios. Pero no de todos. El sector está desunido. Cada cual libra la guerra por su cuenta y como tal se queja por separado. Juan Francisco Perera, propietario de la Quesería el Draguillo, tiene a su disposición unas 1.500 cabras. En los meses buenos fabrica unos 4.000 kilos de queso curado y semicurado. En época de vacas flacas, sus cifras se reducen a 2.500 kilos. «Como está la economía a la gente le importa poco la calidad y si encima el Gobierno apoya lo que viene de fuera pues nos va a costar lo nuestro», se queja. Miguel Guerra, de la Quesería La Colina, achaca el mal momento al encarecimiento de los costes de producción. «Los piensos subieron una barbaridad. No han bajado y no creo que vayan a hacerlo. El futuro de los ganaderos caprinos en Gran Canaria está complicado», argumenta.

La otra cara de la moneda

En Fuerteventura, isla que aglutina la mitad del ganado caprino de Canarias, cifrado en unos 400.000 ejemplares, la crisis es menos crisis gracias al Queso Majorero. Y el product manager del Grupo Ganaderos de Fuerteventura, Javier Santos explica cuáles son las claves del triunfo. «La coyuntura económica actual ha motivado que la gente reduzca su presupuesto destinado a alimentación. Pero esto afecta principalmente a los quesos intermedios, sustituidos por marcas blancas». Santos habla con orgullo de sus quesos premium, que se siguen consumiendo igual, y en especial del buque insignia, el Maxorata. «Es la única marca que en los Premios del Ministerio de Agricultura, en la modalidad de queso elaborado con leche de cabra, ha ganado un premio en todas sus ediciones. Desde 2001 ha cosechado tres primeros puestos y un segundo. No hay empresa ahora mismo en España que tenga tantos premios».

Gran Canaria acogerá en 2009 la celebración del prestigioso World Cheese Award, certamen en el que aspiran a triunfar los mejores quesos del mundo. Quizá sea un buen escenario para que Ponce proponga lo que lo que los productores ven como solución a sus males. «Hay que crear una marca que aglutine a todos. Una identidad común para ser más fuertes». Sólo así, los maestros del queso dejarán de pensar que «el turismo y ladrillo es lo único que importa» en su querida tierra.

ABC.es – Madrid,Madrid,Spain

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