El potencial del ensilado de tomate en la alimentación de pequeños rumiantes

En los últimos años hemos asistido a una progresiva intensificación de las explotaciones ganaderas de ovino y caprino, cuya consecuencia más inmediata ha sido el abandono de miles de hectáreas de pastizales. Una de las principales razones por la que se da esta tendencia, es que la vida pastoral es demasiado sacrificada para nuestro actual contexto socioeconómico, y ello impide la renovación generacional en el sector. El abandono del pastoreo obliga a reorientar las estrategias a la hora de alimentar a los animales, y esto implica la absoluta dependencia externa de los piensos como fuente de nutrientes. Si los precios de las materias primas para elaborar piensos siguen su tendencia actual, resultará cada vez más difícil que las explotaciones puedan producir lo necesario para subsistir, y serán muchos los que abandonen al no poder rentabilizar sus producciones. Por otro lado, en zonas con alta productividad hortícola se generan anualmente miles de toneladas de subproductos vegetales de invernadero, cuya incorrecta gestión crea graves problemas ecológicos y de salubridad (figuras 1 y 2), ya que para eliminarlos son necesarios altos insumos (tiempo, mano de obra y energía). Al confrontar la difícil situación que están atravesando los ganaderos de

 

pequeños rumiantes en zonas áridas, con la enorme cantidad de residuos de cultivos, potencialmente nutritivos, que se originan, resulta paradójico que no se utilicen en gran escala para paliar, siquiera parcialmente, las dificultades para alimentar a los animales a precios razonables. Por esta razón surgió la idea de utilizarlos para elaborar alimentos alternativos de bajo coste orientados a los pequeños rumiantes. Tanto la cantidad como la variedad de residuos hortícolas generados es enorme. En trabajos anteriores se ha demostrado que, en conjunto, los restos de cosecha presentan un valor nutritivo moderadamente alto, y llegan, en algunos casos, a contenidos proteicos superiores al 18% de proteína bruta en materia seca. Antes de entrar en vigor en 2001 el Plan a gran escala de retirada de residuos agrícolas para fomentar la sostenibilidad, el denominado “Barrido cero”, impulsado por la Consejería de Agricultura de Andalucía, el único aprovechamiento de estos residuos era el consumo a diente por los animales directamente en el campo . Sin embargo, estas plantas exponen una serie de inconvenientes para su uso en alimentación animal. Uno de ellos es la presencia de las guías de plástico que conducen el crecimiento de las plantas desde el techo de los invernaderos (rafias) y trazas de pesticidas, factores que hacen difícil su empleo directo por el ganado. Debido a estas limitaciones, pareció oportuno centrarse en la posible utilización de los frutos desechados, y en concreto, en el tomate, ya que la cantidad rechazada para entrar en la cadena de consumo humano es en ocasiones muy grande, hasta 18.000 kg en un solo día. Las razones por las que los tomates son desechados son estrictamente parámetros de calidad comercial, por lo que son aptos para consumo humano directo y, por lo tanto, aptos para el consumo animal. El método más conveniente para la conservación de estos subproductos es el ensilado, ya que contiene algo menos del 6% de materia seca.

¿Qué es el ensilado?

El ensilado consiste en la conservación de forrajes frescos u otros alimentos con elevado contenido en humedad, en unos depósitos especiales denominados silos, al abrigo del aire, la luz y la humedad exterior (Cañeque y Sancha, 1998).

Los objetivos de un ensilado óptimo son:

• Conservar el alimento evitando la pérdida de materia seca y nutrientes.

• Mantener la apetecibilidad por parte del ganado.

• Evitar que se produzcan toxinas durante el periodo de conservación.

El fundamento del ensilado es la conservación del forraje a largo plazo mediante la fermentación por bacterias epifitas, que actúan sobre los nutrientes contenidos en el vegetal, en particular sobre los carbohidratos solubles de la planta, produciendo rápidamente ácidos orgánicos, principalmente láctico, y en menor medida acético, como productos de la fermentación. La concentración de estos ácidos hace que el pH disminuya, alcanzando un nivel próximo a 4, lo que inhibe la acción

Elaboración de los silos En este trabajo se plantearon como principales objetivos: valorar la utilización de la pulpa de tomate mediante ensilados “simples” o mezclada con pajas para incrementar su estabilidad y facilitar su manejo, estudiar la evolución y estabilidad de los silos para evaluar esta estrategia de conservación, y conocer el valor nutritivo de la pulpa de tomate ensilada. Las referencias bibliográficas aconsejan, para un correcto ensilaje, un material vegetal con un 25% de materia seca (MS), por lo que se decidió reducir la cantidad de líquidos del tomate antes de embolsar las pulpas por dos métodos distintos: por un lado se utilizó un decantador centrífugo para extraer parte de los lixiviados, para lo que se contó con la colaboración de la empresa Albaida Recursos Naturales, y por otro se utilizó paja de cereal para absorberlos. Las diferentes pulpas se embolsaron en sacos de plástico hasta alcanzar aproximadamente 35-40 kg de peso (figura 5), y se almacenaron 40-60 días en condiciones anaeróbicas. Cada semana, durante este periodo, se abrieron dos bolsas y se valoró si la fermentación se producía en condiciones adecuadas. Para ello se utilizó como parámetro principal el pH, y como parámetros complementarios las características organolépticas (olor, color y textura)

Las distintas muestras se desecaron y molieron hasta un tamaño de 1 mm antes de determinar su contenido en materia seca (MS), proteína bruta (PB), fibra neutro detergente (FND), fibra ácido detergente (FAD) y cenizas. La digestibilidad in vitro se estimó según el método en dos etapas de la pepsina-celulasa, descrito por Aufrére (1982), para lo que se utilizó el incubador Daisy (ANKOM Technology Corporation, USA). Inicialmente, los datos fueron analizados con un ANOVA de una vía seguido por una comparación de medias (test de Tukey). Debido a que la varianza no fue homogénea en los diferentes grupos experimentales, se utilizó el test no-paramétrico de Kruskal-Wallis, que compara medianas en vez de medias (Sokal y Rohlf, 1981)

Para evitar todos estos inconvenientes, lo más adecuado es el empleo de la mezcla de pulpa de tomate y paja. Además, tal y como aconsejan McDonald y col. (1991), es conveniente el uso de absorbentes para forrajes con bajo contenido en materia seca, para así evitar pérdidas de nutrientes provocadas por una excesiva pérdida de líquidos del material ensilado. Al tomate le sucede algo parecido a lo que le ocurre a la pulpa de naranja: presenta un elevado contenido en humedad, y como los procesos de secado forzado son muy caros, se limita su posible manejo y uso en alimentación animal. En un estudio de alimentación de corderos con pulpa de naranja ensilada, Haddad y Husein (2001) comprobaron que, debido a la alta humedad del producto, se generaba mucho lixiviado, con el consiguiente peligro para el medioambiente. Para evitar buena parte de las pérdidas acuosas al ensilar la pulpa de naranja (80%) se adicionó paja de cereal (20%), que además concedía al ensilado las características de un forraje sustitutivo aceptable y barato. Como conclusión, se puede afirmar que es posible conservar la pulpa de tomate en condiciones aceptables durante un periodo de tiempo suficiente para su comercialización. Valor nutritivo Después de comprobar las posibilidades de una conservación óptima mediante el ensilado, se determinó el valor nutritivo de los diferentes subproductos (tabla 2). Proteína bruta El contenido en proteína bruta (PB) que mostraron las pulpas fue significativamente superior al de la mezcla. La pulpa sin centrifugar fue el subproducto que

Conservación tras el ensilaje

Si se pretende obtener un forraje económico para la ganadería de pequeños rumiantes con el tomate, el paso previo es conocer si se puede conservar óptimamente durante un tiempo prudencial. Por ello, las primeras pruebas propuestas estuvieron relacionadas con la valoración de la evolución de los ensilados durante dos meses. ya que contiene poca humedad y no se precisa de ningún procesado adicional. Se realizaron silos compuestos con un porcentaje en peso fresco de 85% de tomate y un 15% de paja de trigo. De los resultados mostrados en la tabla 1, la pulpa de tomate, independientemente del tratamiento al que se sometió, no presentó problemas de conservación al ensilarla, ya que el pH evolucionó adecuadamente, sin importar la humedad inicial de la que se partiera. Este parámetro no sobrepasó nunca el valor de 4,06 durante las siete semanas en las que se controló. También se observaron unas adecuadas características organolépticas (olor, color y textura) de la pulpa a lo largo del ensilaje (figuras 6, 7 y 8).

Limitaciones del uso de la pulpa de tomate

Independientemente de que la pulpa se ensile correctamente, su empleo directo en los comederos, si no se mezcla con paja, es muy difícil, debido a la elevada humedad que presenta. Entre las limitaciones del empleo de la pulpa de tomate se encontraron las siguientes (figuras 10 y 11): Su transporte y manejo fue complicado, ya que algunas bolsas se pincharon o rasgaron durante la descarga de los camiones. Los sacos eran difíciles de abrir y de verter sobre los comederos sin manchar todo, por lo que se generó un entorno poco higiénico. El lixiviado se filtró por todas las ranuras, y al ser un material con cierto poder corrosivo, causó daños en los comederos. La acidez de la pulpa se tuvo que corregir aportando paja libremente al ganado. Para evitar todos estos inconvenientes, lo más adecuado es el empleo de la mezcla de pulpa de tomate y paja. Además, tal y como aconsejan McDonald y col. (1991), es conveniente el uso de absorbentes para forrajes con bajo contenido en materia seca, para así evitar pérdidas de nutrientes provocadas por una excesiva pérdida de líquidos del material ensilado. Al tomate le sucede algo parecido a lo que le ocurre a la pulpa de naranja: presenta un elevado contenido en humedad, y como los procesos de secado forzado son muy caros, se limita su posible manejo y uso en alimentación animal. En un estudio de alimentación de corderos con pulpa de naranja ensilada, Haddad y Husein (2001) comprobaron que, debido a la alta humedad del producto, se generaba mucho lixiviado, con el consiguiente peligro para el medioambiente. Para evitar buena parte de las pérdidas acuosas al ensilar la pulpa de naranja (80%) se adicionó paja de cereal (20%), que además concedía al ensilado las características de un forraje sustitutivo aceptable y barato. Como conclusión, se puede afirmar que es posible conservar la pulpa de tomate en condiciones aceptables durante un periodo de tiempo suficiente para su comercialización.

Valor nutritivo Después de comprobar las posibilidades de una conservación óptima mediante el ensilado, se determinó el valor nutritivo de los diferentes subproductos (tabla 2). Proteína bruta El contenido en proteína bruta (PB) que mostraron las pulpas fue significativamente superior al de la mezcla. La pulpa sin centrifugar fue el subproducto que contuvo una mayor proporción de PB (18,8%). La centrifugación, además de encarecer el producto final, disminuye su contenido en nitrógeno, ya que parte del mismo se pierde con el lixiviado eliminado en el decantador. Como cabría esperar, fue el tomate mezclado con paja el que menor contenido en PB presentó (5,8%). MS inicial pH Tabla 1. Contenido en materia seca (%) y

El primer gran problema a abordar fue la gran humedad de partida de la pulpa de tomate. Según Harris (1993), para la producción de un ensilado de calidad, el material vegetal debe tener entre el 30 y el 40% de MS. Incluso bajo condiciones anaeróbicas, un forraje que contiene más del 74% de humedad, está expuesto a un importante riesgo de fermentaciones por clostridios. Tal y como se ha expuesto anteriormente, se extrajo parte del lixiviado de la pulpa de tomate para disminuir el contenido en humedad. No obstante, debido a la naturaleza del producto, el incremento de MS de la pulpa de tomate fue limitado, pasó de un 5,5% de MS a un 11,9%. Si se tiene en cuenta el coste añadido al producto final por el proceso de reducción del lixiviado, el valor obtenido de MS es particularmente bajo. Otra opción de manejo fue añadir a la pulpa de tomate paja como absorbente, La PB es uno de los parámetros nutricionales más importantes a tener en cuenta en la formulación de las raciones para la alimentación animal. Para poder hacernos una idea del rango en el que oscilan estos subproductos apuntaremos que el heno de alfalfa, un forraje de buena calidad, posee, según el INRA (1990), un 17% de PB, y la paja de trigo sólo un 3,5%. Según estos datos, la pulpa de tomate es un forraje de calidad similar al heno de alfalfa, y la mezcla es muy inferior, pero superior a la paja. Además, hay que tener en cuenta que la PB de la paja es prácticamente indigestible para los rumiantes, y en cambio la PB de los silos mezcla es parcialmente digestible. Materia orgánica Otro parámetro útil en racionamiento animal es el contenido en materia orgánica (MO) de los diferentes alimentos. En este estudio se han obtenido unos niveles similares en todos los ensilados, dado que todos los productos oscilaron alrededor del 91% de MO. La pulpa tamizada mostró el máximo valor (91,4%). Parecidas proporciones presentan la paja de trigo (92%) y el heno de alfalfa (90,3%). Fibra neutro y ácido detergente Las células vegetales están constituidas por el contenido celular (digestible), y por las paredes celulares (hemicelulosa, celulosa y lignina), que resultan indigestibles para los animales monogástricos, pero algunas de sus fracciones fibrosas poseen un más que aceptable valor nutritivo. Desde este punto de vista, en general se han obtenido unos niveles elevados de estas fracciones (FND y FAD), y las mezclas han presentado unos valores estadísticamente superiores a las pulpas. La FND que mostró la pulpa de tomate fue similar a la obtenida por López y col. (2000) para el heno de alfalfa (46,3%), y la mezcla estudiada presentó un valor similar al obtenido contuvo una mayor proporción de PB (18,8%). La centrifugación, además de encarecer el producto final, disminuye su contenido en nitrógeno, ya que parte del mismo se pierde con el lixiviado eliminado en el decantador. Como cabría esperar, fue el tomate mezclado con paja el que menor contenido en PB presentó (5,8%).

La PB es uno de los parámetros nutricionales más importantes a tener en cuenta en la formulación de las raciones para la alimentación animal. Para poder hacernos una idea del rango en el que oscilan estos subproductos apuntaremos que el heno de alfalfa, un forraje de buena calidad, posee, según el INRA (1990), un 17% de PB, y la paja de trigo sólo un 3,5%. Según estos datos, la pulpa de tomate es un forraje de calidad similar al heno de alfalfa, y la mezcla es muy inferior, pero superior a la paja. Además, hay que tener en cuenta que la PB de la paja es prácticamente indigestible para los rumiantes, y en cambio la PB de los silos mezcla es parcialmente digestible. Materia orgánica Otro parámetro útil en racionamiento animal es el contenido en materia orgánica (MO) de los diferentes alimentos. En este estudio se han obtenido unos niveles similares en todos los ensilados, dado que todos los productos oscilaron alrededor del 91% de MO. La pulpa tamizada mostró el máximo valor (91,4%). Parecidas proporciones presentan la paja de trigo (92%) y el heno de alfalfa (90,3%). Fibra neutro y ácido detergente Las células vegetales están constituidas por el contenido celular (digestible), y por las paredes celulares (hemicelulosa, celulosa y lignina), que resultan indigestibles para los animales monogástricos, pero algunas de sus fracciones fibrosas poseen un más que aceptable valor nutritivo. Desde este punto de vista, en general se han obtenido unos niveles elevados de estas fracciones (FND y FAD), y las mezclas han presentado unos valores estadísticamente superiores a las pulpas. La FND que mostró la pulpa de tomate fue similar a la obtenida por López y col. (2000) para el heno de alfalfa (46,3%), y la mezcla estudiada presentó un valor similar al obtenido para la paja de trigo (70,5%). En cuanto a la FAD, la pulpa (39,9%) reveló un valor intermedio entre el heno de alfalfa (34,6%) y la paja de trigo (48,8%), y la mezcla (48,4%) mostró cifras semejantes a la paja de trigo. Digestibilidad En comparación con otros frutos, los valores obtenidos de digestibilidad de la materia seca (DMS) del tomate fueron más bajos de lo esperado. Esto puede ser debido al alto contenido en lignina de la piel y las semillas del forraje, fracción más importante del tomate, después de extraer el agua, y escasamente digestible. Puesto que la pulpa de tomate es más digestible que la paja, en general, las pulpas mostraron una mayor digestibilidad que las mezclas.

La mezcla de pulpas y paja es un buen forraje Al ensilar la pulpa de tomate, independientemente del tratamiento al que se someta, se puede conservar en óptimas condiciones durante meses. A pesar de presentar un valor nutritivo interesante, puede considerarse un forraje de calidad comparable al heno de alfalfa, su uso directo en las explotaciones ganaderas es desaconsejable, ya que el gran contenido en humedad dificulta su transporte y distribución en los comederos y genera unas condiciones insalubres en los establos. La mezcla de pulpa de tomate y paja tiene un valor forrajero moderado, pero presenta como mejor virtud ser un alimento fibroso que aporta una mayor cantidad de proteína y es más digestible que la paja. Además, se maneja perfectamente, puede conservarse durante un largo periodo de tiempo y muestra un valor nutritivo moderado. Todas estas características hacen que la mezcla sea un forraje base que puede cubrir las necesidades de mantenimiento de pequeños rumiantes en la zona de estudio. •

Agradecimientos Agradecemos al M.C.Y.T. su respaldo a nuestro proyecto (AGL-2002-04302-C02-01), y a la empresa Albaida Recursos Naturales de Almería por su apoyo y colaboración.

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