El ministerio opta por la «inactividad» para zanjar la sarna en Picos

Medio Ambiente responde que su política es tan eficaz como abatir los animales enfermos

Los gerentes del parque nacional cuestionan que la gestión de la Junta frene la epidemia

Firma Marco Romero Lugar león

El Ministerio de Medio Ambiente admite que la «inactividad» es la opción por la que se ha decantado para afrontar el brote de sarna que invade 38.000 hectáreas de superficie en la montaña cantábrica, más de 17.000 en el territorio del Parque Nacional de Picos de Europa.

Esta política, totalmente contrapuesta a las actuaciones intensivas que lleva a cabo la Junta en el territorio que gestiona -ya se han derrocado 756 ejemplares afectados desde 1994 en las reservas de caza de Riaño y Mampodre-, se basa fundamentalmente en criterios científicos, según defiende el ministerio en respuesta a las informaciones aparecidas en este periódico sobre el vertiginoso avance de la sarna entre las poblaciones de rebeco y cabra montés que han diezmado más de un 50% algunas familias.

«Mínima intervención»

Según los datos que han motivado la decisión del ministerio de no abatir animales enfermos, excepto si se encuentran en estado muy grave, el resultado final de la epidemia sobre las poblaciones afectadas es «prácticamente similar» con una intervención masiva o dejando evolucionar libremente a la fauna silvestre afectada. Sin embargo, según la misma fuente, el hecho de que no se derriben rebecos o cabras sarnosos sí que puede favorecer que la velocidad de expansión sea menor.

Esta política que el ministerio denomina «mínima intervención» es, en opinión de los técnicos de Medio Ambiente en Madrid, una alternativa más eficiente, puesto que la eliminación de la totalidad de los ejemplares de una especie silvestre con síntomas de una determinada enfermedad puede tener repercusiones, «cuando menos en impedir la aparición de individuos resistentes que son, a la postre, los que han de asegurar la persistencia de una especie en unos adecuados niveles poblacionales».

Los datos que maneja el Ministerio de Medio Ambiente admiten que la sarna «desembocará en la fortísima disminución de la densidad media de población». No obstante, en un periodo de «seis o siete años» desde el inicio de la afección, «las poblaciones tenderán a estabilizarse».

Los informes de las reservas de Riaño y Mampodre sobre la progresión de la sarna constatan que la enfermedad ha rebrotado en Mampodre, está en pleno apogeo en Riaño, con ejemplares de cabra montés afectados, y que, por primera vez, ha llegado a Cantabria, además de afectar ya a una cuarta parte del parque nacional. La polémica suscitada por el control de la sarna en la vertiente leonesa de la montaña cantábrica ha puesto de manifiesto una vez más las políticas contrapuestas que aplican la Junta de Castilla y León y el Ministerio de Medio Ambiente en la gestión de un mismo territorio.

Por un lado, la Administración autonómica ha sostenido sus actuaciones en criterios más cinegéticos que faunísticos, mientras que el parque nacional se ha mantenido desde 1995 en una postura extremadamente conservacionista.

Ante posturas tan divergentes, no resulta extraño que la gestión en la zona haya sido en ocasiones un auténtico caos. En el aspecto de la sarna, la mayor diferencia de opiniones está en si se debe o no se debe permitir el abatimiento masivo de ejemplares enfermos, una discrepancia que se arrastra desde que en 1995 el antiguo Parque Nacional de Covadonga se convirtiese en el Parque Nacional de Picos de Europa.

Se da la circunstancia de que en Posada de Valdeón y Oseja de Sajambre, los dos únicos municipios con territorio en el parque nacional, se combina esta protección con la del parque regional, mucho más permisivo con los aprovechamientos cinegéticos.

El claro enfrentamiento también se evidencia en la falta de circulación de información entre ambas administraciones, un hecho que el ministerio echa en falta en su comunicado.

Diario de León – León,Castilla y León,Spain

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