El ganado que conquista el desierto

Especial4 LOS REYES DEL CABRITO
Bajo una sensación térmica de hasta 40 grados centígrados en las pampas de Pañalá, 120 jefes de familia se dedican a la crianza de ganado caprino.

Lugar: El desierto, las pampas de Pañalá, entre las dunas de Olmos y Mórrope. La jornada de los jóvenes pastores se inicia a las ocho de la mañana. Provistos de una buena ración de arroz, pescado frito y chicha de jora, que se convertirá en el almuerzo, y montados sobre dos robustos burros, los hermanos Ander (13) y Julio (15) Zeña Iñoñán inician una paciente travesía por las blancas arenas norteñas.

PASTORES. Desde muy jóvenes, los hijos de los ganaderos aprovechan sus vacaciones escolares para ayudar a sus padres en esta faena.

En esa zona hay 120 jefes de familia dedicados a la crianza de ganado caprino no en tradicionales establos, sino al aire libre, en el desierto. Así, tras el sabroso cabrito chiclayano con frijoles que se saborea en algunos restaurantes, está escrita una historia de esfuerzo y sacrificio.

Luego de encomendarse a la milagrosa Cruz de Pañalá y antes de alejarse de la vivienda que les sirve de morada, los ganaderos proceden a contar uno por uno los cerca de quinientos caprinos que les tocará cuidar en el día.

Durante toda la jornada, de unas ocho horas diarias aproximadamente, su único contacto con el mundo es una radio portátil, en la que de vez en cuando sintonizan algún noticiero, pero preferentemente escuchan su música favorita: cumbias de las orquestas Aguamarina y Los Caribeños de Guadalupe.

A medida que avanzan hacia el corazón del desierto, Julio cuenta que durante cada jornada tienen que recorrer unos veinte kilómetros en diversas direcciones, a lo largo de los cuales los animales se alimentan con frutos y hojas de algarrobos, zapotes, faiques y otras variedades de árboles.

“Durante las vacaciones escolares nosotros ayudamos a nuestros padres en el pastoreo del ganado, pues es nuestra única forma de vida”, agrega el pequeño Ander, mientras evita que algunas cabras tomen un rumbo equivocado.

Pese a la terrible sequía que azota esta parte del norte del país, los ganaderos no se han amilanado, muy por el contrario, recurren al ingenio. Así, ante la falta de agua y lluvias han procedido a perforar unos treinta pozos de cuarenta metros de profundidad en torno de los cuales, a partir de las cinco de la tarde, se junta todo el ganado para aplacar la sed.

CABRITOS ECOLÓGICOS
Desde localidades como Mórrope, Olmos, La Colorada, Hornitos, Arbolsol y Romero, los dueños de los hatos vigilan a los caprinos, cuya carne tiene una alta cotización, porque se trata de un alimento 100% ecológico. Ello gracias a que en la crianza no se utilizan alimentos balanceados, sino especies forestales que crecen en un bosque ralo, donde hace unos años los especialistas del Proyecto Algarrobo sembraron cuatro millones de plantones, que pronto se convertirán en un nuevo bosque.

Gracias a este peculiar manejo, la carne de cabrito es muy solicitada en los mejores restaurantes de Chiclayo, Trujillo y Lima. Así, un ejemplar adulto de unos diez kilogramos de peso procedente del desierto de Lambayeque puede costar hasta ochenta soles, debido a que se trata de un producto con un sabor distinto

Sin embargo, a las condiciones extremas en las que los ganaderos realizan la crianza de los caprinos, recientemente se ha sumado un peligro que necesita la atención de la policía. Y es que debido a las extensas áreas libres, el corazón de las pampas de Pañalá se ha convertido en una nueva ruta por donde los traficantes de carbón ilegal trasladan cientos de toneladas de este tipo de combustible.

El Comercio (Perú) – Peru 12/02/2006

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