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Zootecnia.
Bases de producción animal
Mundi
Prensa 1996
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A título general se puede
afirmar que el ganado caprino en España tiene como objetivo prioritario, en la
gran mayoría de los casos, el incrementar, a través de sus producciones (fundamentalmente,
leche y carne). El producto bruto generado por superficies agrícolas marginales
o casi marginales.
En este contexto no es de
extrañar que, las cabras que se ordeñan, reciban mejores cuidados que las
demás, se exploten en zonas relativamente llanas (pero semi áridas) y el resto,
las cabras de aptitud preferente carne, tengan su hábitat habitual en las zonas
montañosas. En este último caso, el contacto entre el ganadero y su rebaño es
puntual y se reduce a los aportes de comida en las épocas de máxima penuria y a
la «recolección anual» de las crías.
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Este último sistema, que se puede y debe, clasificar como «tradicional»,
seguía afectando en el año 1996 a un número importante del censo caprino de
carne español; en cambio, a nivel de los rebaños de producción preferente
leche, la situación ha cambiado y. sobre todo está cambiando en estos últimos
años.
Consideraciones previas
Antes de entrar en la
descripción de los sistemas es conveniente repasar, aunque sea de una forma
muy esquemática cuáles son las cualidades más sobresalientes que posee el
ganado caprino y en las que aventaja a sus competidores naturales: el ganado
ovino y el ganado vacuno.
Entre estas cualidades
merecen destacarse:
Por unidad de peso vivo,
las cabras genéticamente buenas son más eficaces productoras de leche que la
oveja e, incluso, que la vaca. Esta realidad se pone de manifiesto si tenemos
en cuenta los datos referenciales que a continuación pasamos a exponer, a
título meramente indicativo:
Vaca Cabra
Producción (kg/kg. p.v.) 11,5 12,2
Proteína (kg/kg. p. v.) 0,37 0,40
Grasa (kg/kg. p.v.) 0,43 0,44
Se
puede afirmar que, por unidad de peso vivo, completando lo dicho en el punto
anterior, la cabra es el rumiante que más «proteína exporta».
A pesar de todas estas
«ventajas técnicas iniciales» la realidad es que el censo español de ganado
caprino se ha reducido en el curso de los últimos 60 años pasando de los 6,7
millones de cabezas que había en el año 1939 de los 3 millones actuales. Esta
realidad se fundamenta en una serie de consideraciones negativas, tan
históricas como erróneas, sobre el ganado caprino.
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En efecto, históricamente
se ha considerado a la cabra como un animal:
Sin duda alguna, la «mala
imagen» del ganado caprino ha sido la consecuencia directa de una inadecuación
de los sistemas de producción tradicionales a las potencialidades reales de una
especie que, en general y en nuestro país, ha estado teóricamente
infrautilizada (con todo lo que ello supone a nivel económico y social).
De acuerdo con mi propia experiencia
práctica: si los sistemas de producción son adecuados al animal y al medio, la
explotación del ganado caprino, especialmente en su «vertiente leche», puede
ser perfectamente rentable y sin consecuencias secundarias negativas para su
entorno.
Los sistemas de producción
En el ganado caprino de
aptitud preferente leche cabe distinguir, al menos inicialmente, y desde una
perspectiva conceptual, tres tipos de sistemas de producción:
No obstante, antes de
entrar a definir las características fundamentales de cada uno de estos
sistemas, debemos indicar, por constituir una peculiaridad manifiesta, en este
tipo de explotaciones (aunque, en cierta medida, pero sólo en cierta medida,
esta realidad también afecta a las explotaciones ovinas), que la continuidad de
las explotaciones caprinas, además de su rentabilidad real, depende, de la edad
de los cabreros y, sobre todo, de la edad y actitudes de su herederos.
Las edades medias de los
actuales propietarios oscilan alrededor de los 50 años y, sólo en la zona de
Almería, un 60 por 100 de los herederos desea continuar en la explotación
familiar. En Cáceres, por el contrario, sólo el 26 por 100 de los jóvenes está
dispuesto a continuar con esta actividad pecuaria.
Desde esta perspectiva no
cabe duda de que, para un porcentaje elevado de los actuales ganaderos de
caprino de leche (más del 60 por 100), es difícil encontrar suficientes
motivaciones (sus descendientes no van a continuar con la actividad) para
realizar el esfuerzo profesional y afrontar la inversión financiera, necesarios
para modernizar sus explotaciones. Ello constituye un importante handicap para
el subsector caprino español.
·
Un número de partos por cabra reproductora y
año muy variable, según zonas y explotaciones.
·
Un descontrol cuasi absoluto de las
cubriciones.
·
Mortalidades elevadas.
·
Bajas productividades.
El sistema extensivo (SE)
Cuando España, en el año
1986, se incorporó a la Comunidad, a la actual Unión Europea, el Sistema
Tradicional fue sustituido, en su casi totalidad, por el sistema extensivo. Las
diferencias fundamentales entre estos sistemas son dos:
No
obstante, el sistema extensivo, al igual como ocurría con el tradicional, sigue
adoleciendo de una manifiesta falta de tecnificación y, en consecuencia, sus
índices productivos son bajos. A pesar de ello, muchas de estos ganaderos, a
causa de:
El sistema semi-intensivo (SSI
o SVI)
Este sistema al que Falagán
( 1994) también denominó «sistemas en vías de intensificación» se puede
caracterizar, al menos inicialmente, por:
Como es lógico, en función
del grado de tecnificación que cada explotación asuma, ésta se encontrará más
cerca del sistema extensivo o más cerca de un modelo intensivo.
La intensificación máxima
comporta la estabulación permanente con manejo individual o por lotes, de las
cabras. La rentabilidad de este modelo (que es una realidad en explotaciones
alemanas y suizas, y que nosotros también hemos aplicado en Canarias
vinculándola a una explotación de alfalfa en regadío y trabajando con fórmulas
abiertas de pienso), es enormemente dependiente de:
De acuerdo con nuestros cálculos, actualmente, para que una explotación
caprina de leche intensiva pueda ser realmente rentable debe disponer, inicialmente,
de más de 300 cabezas con una producción media, por cabeza presente superior a
los 400 litros (en este sentido no se puede olvidar que en la mayoría de
nuestros rebaños las producciones no superan los 300 litros/cabra y año; la
media nacional está alrededor de los 250-260 litros/cabeza y año.
A pesar de estas limitaciones estamos
convencidos de que cuando el «tejido industrial» que debe acompañar a esta
producción se consolide y la comercialización se ordene (a imagen y semejanza
de lo que sucede en Francia), las explotaciones de corte intensivo, en zonas
muy concretas, sustituyendo, por ejemplo, a las de vacuno de leche, podrán
tener un futuro realmente positivo dado que:
No obstante, hay que insistir en ello, el
sistema intensivo sólo puede ser válido en circunstancias muy determinadas.
Evidentemente la posible validez del sistema
intensivo no invalida el hecho de que, actualmente, en muchas zonas donde el
ganado caprino está o estaría adecuadamente ubicado se le esté considerando,
con una gran lógica, como un factor de primer orden en la lucha contra la
erosión y la conservación de la vegetación natural por medio del pastoreo. No
hay que olvidar que con esta acción se reduce, o se puede reducir de forma muy,
significativa el material inflamable con lo cual se disminuye el riesgo de
incendios.
Las posibilidades prácticas que ofrece, al menos a priori, el ganado caprino son muy amplias y van desde un modelo razonablemente extensivo a un sistema realmente intensivo.