Con leche de cabra es diferente

La cabra es la vaca del pobre. Es un viejo dicho para mostrar la marginalidad del ganado caprino y de su criador, un trashumante llamado despectivamente ‘chivatero’. La familia Igreda Lix confió en las virtudes de criar a este cuadrúpedo e inició su empresa de productos lácteos La Cabrita sin saber cuál iba a ser la respuesta del público. Lo que si sabían era que debían enseñar a consumir.

A mediados de los noventa, Manuel Igreda y su esposa Virginia Lix se trasladaron a Cerro Puquio, en el valle del río Chillón. Allí volvieron a la crianza de cabras con sus hijos Milagros, Carlos, Gisela y Araceli. Producían solo leche, yogur y queso fresco de forma artesanal. Consecuencia: el producto no era

BUENA LECHE. En la planta procesadora de Los Olivos se cumple al milímetro con el cuidado de los insumos. La leche de cabra fue por mucho tiempo subestimada a pesar de ser rica en proteínas.

muy aceptado en el mercado. ¿La razón? La poca confianza por ser hecho en casa y los rumores de que cualquier lácteo de cabra era causante de la fiebre malta. Había rechazo, no existía la costumbre de comer, no tenía la demanda esperada por la familia, que incluso tenía que comer lo no vendido antes de que se malograra. Ese fue el punto de quiebre. Habían pasado cuatro años, pero se decidieron. Tenían que diferenciar el producto y garantizar una crianza ecológica.

Se le llama también crianza integrada porque además lo producido por las cabras se aprovecha en la crianza de cerdos y gallinas para la venta de huevos de corral. Incluso algunos desechos vuelven al campo para producir el forraje que es alimento. La Cabrita ha recibido certificaciones de agricultura orgánica y en la producción se utilizan insumos, equipos y materiales que no contaminan el producto final. “Yo no diría que mi experiencia es exitosa. Es sostenible. Nuestro objetivo es conservar el medio ambiente. Estamos en una zona donde no había condiciones. Y las hemos creado”, dice Gisela.

LA VÍA LÁCTEA

¿Qué los motiva a seguir? En un momento los cinco hijos estaban sin trabajo seguro. ¿Qué hacer? “Si regresábamos a nuestras profesiones de manera individual, con esfuerzos individuales cada uno iba a hacer lo que podía. Sin estar unidos no íbamos a poder hacer nada”, dice Gisela Igreda. La producción de La Cabrita es pequeña pues llega a 120 litros de leche al día.” A lo mucho tenemos 100 cabras y no contamos con grandes extensiones de terreno para pastos, entonces estamos limitados porque si no creceríamos mucho más”, dice Gisela. Pero esto se compensa: sus quesos buscan posicionarse a precios más altos. Para conseguirlo han ido alcanzando poco a poco un lugar en la preferencia de restaurantes que buscan quesos tipo gourmet. Los chefs visitaban la planta de procesamiento –que se abrió en el 2002– , los Igreda proponían sabores para sus recetas. Si no les gustaba se tenía que modificar al gusto del cliente. Esa ha sido la tendencia –que continúa– para que la marca gane valor: presentar derivados lejos de lo tradicional, captar un mercado apelando a la originalidad.

Los Igreda piden que las universidades se decidan a investigar el valor nutritivo de la leche de cabra. “No digo que es la salvación del mundo, pero sí es un buen alimento y hay que incluirlo dentro de la dieta familiar”, dice Gisela.

¿Pero, cómo empresa su finalidad también es obtener mayores ganancias? “Las ganancias se dan en la medida en que uno lleve un negocio en forma responsable. Eso nos ha permitido crecer sin deudas, reinvirtiéndolo todo”. La meta de los Igreda es convertirse en líderes en la ganadería caprina, obtener certificación de uso de tecnología limpia y otros más. Gisela dice que deben disminuir las trabas para importar animales para mejoramiento genético. El promedio de producción de una cabra en el Perú es 0,8 litros (apenas como si cada animal llenara una tasa), pero las cabras de los Igreda llegan a 1,8 litros. En Chile dan cinco litros. “¡Es un sueño!”, dice Gisela, cuando piensa que es posible alcanzar esa cantidad. Los sueños también dependen de la nueva generación de hijos que seguirán el camino. La vía láctea es la raíz de su árbol genealógico.

Punto de encuentro de lo natural
La Cabrita produce once tipos de queso entre semimaduros, tipos gourmet con pimiento, tomate y rocoto confitado, Chessecake con sauco, quesos picantes, trisabores (pimiento, aceituna y orégano), quesos frescos y con hierbas aromáticas. Además de manjarblanco, yogur, helados con frutas nativas como sauco y el poro poro.

Su punto de venta al público es la feria de productos naturales del parque Reducto, en Miraflores. Todos los sábados. Aquí los Igreda encontraron un público muy interesado y que necesitaba información. “Hemos crecido por la confianza que nos han dado los consumidores”, sostienen.

La familia Igreda vende sus productos en ferias y a exclusivos restaurantes. No confían en ingresar a los supermercados

El Comercio (Perú) – Peru 23/04/2006

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Responde correctamente para comprobar que eres una persona: *