ASAJA defiende el acuerdo de la remolacha frente a las críticas de COAG

ASAJA defiende el acuerdo llegado con Ebro para llevar la remolacha palentina a Andalucía frente a las críticas de COAG y señala que el dejar la remolacha en manos de los agricultores hubiera supuesto una saturación muy grande para el campo.
Palencia. 16/03/2006
Caridad González Santos

El nuevo presidente de ASAJA-Palencia, Alfonso Núñez, señala que la opción acordada ayer con la empresa EBRO para facturar la remolacha que aún quedaba en tierras palentinas “era la mejor a la que se podía haber llegado”, a pesar de que con este acuerdo sean los agricultores los que van a tener que pagar parte de los costes del transporte de la remolacha hasta tierras andaluzas.

Finalmente, EBRO y las organizaciones agrarias consensuaron que la Azucarera molturará en sus

fábricas de Andalucía 32.000 toneladas de remolacha aún sin recoger en Castilla y León, aproximadamente la mitad de las que quedan sin cosechar en la región.

Núñez ha puntualizado que “la remolacha no se podía quedar en el campo y nuestros agricultores no podrían perder más renta por lo que ante todo lo primero era defender sus intereses”.

De esta manera el nuevo presidente de ASAJA responde a las críticas que vertía ayer el presidente de COAG-Palencia, Pablo García, quien no se mostraba muy conforme con este acuerdo ya que “hubiera sido mejor cobrar la remolacha ahora a 32 euros por toneladas que esperar hasta mayo y no saber a qué precio se va a cobrar entonces”.

La opción planteada por COAG era hacer que esa remolacha se quedara en tierras palentinas y que los agricultores la destinaran a alimento para el sector ovino y caprino, una opción que según ASAJA hubiera supuesto una saturación muy grande de remolacha en los campos, ya que sería demasiada producción para la demanda existente en ganadería.

Aún así el responsable de esta organización reconoce que hubiera sido mejor lograr la propuesta inicial de las OPAS, que pasaba por reabrir alguna de las molturadoras castellano y leonesas, sin embargo “la postura de Ebro era muy férrea y no daba su brazo a torcer” a la hora de reabrir las molturadoras.

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